Cada propiedad tiene su propio punto de partida. Por eso el trabajo se organiza en fases claras, con fechas tentativas y entregas concretas. Así sabés qué esperar y cuándo.
Primera semana
Relevamiento y diagnóstico de la propiedad
Visitamos el departamento, revisamos instalaciones, mobiliario y equipamiento. También verificamos qué exige la normativa municipal vigente para alquiler temporario en tu zona. Al final de esta etapa recibís un informe con prioridades y un plan de puesta en valor ajustado a tu presupuesto.
Semana dos a cuatro
Puesta a punto y carga en plataformas
Coordinamos con proveedores locales las reparaciones o mejoras que convengan primero: no todo es urgente, y no todo suma igual. En paralelo, cargamos tu propiedad en las plataformas de reserva con fotos, descripciones y tarifas iniciales. También definimos las reglas de convivencia y el contrato de estadía.
Primeros sesenta días
Primeras reservas y ajuste fino
Los primeros huéspedes son los que más enseñan. Observamos cómo se comporta la demanda, qué preguntas se repiten y dónde aparecen fricciones en el check-in o en la limpieza. Con esa información ajustamos precios, descripciones y rutinas. No hacemos cambios por intuición, sino con datos de ocupación reales.
A partir del tercer mes
Operación estable y reportes mensuales
Cuando la propiedad ya tiene ritmo, pasamos a la gestión continua: calendario, comunicación con huéspedes, coordinación de limpieza y mantenimiento. Cada mes recibís un reporte con ocupación, ingresos y observaciones concretas sobre el estado del inmueble. Si algo no funciona, lo hablamos y lo corregimos.
El cronograma puede moverse según el estado de la propiedad y la época del año. Lo importante es que cada etapa tenga un resultado visible y que vos sepas en qué punto está tu departamento en todo momento.